martes, 2 de octubre de 2018

Las dos estocadas de Chacón y la hermana de Escribano, salvan la tarde

Antes de comenzar con la crítica y criticable corrida concurso de Zaragoza, hay que hacer mención al bochornoso espectáculo matinal. Lo que iba a ser una clase práctica de una hora y media se dilató hasta casi tres horas, siendo una capea del Carnaval del Toro, con menos respeto incluso entre los chavales. Y lo peor, que el espectáculo de Mar de Nubes fue maltratado y vilipendiado hasta el punto de no poderse dar, porque claro, a partir de las 14:00 ya no se puede estar en el ruedo y había que cargar el ganado del extravagante espectáculo dado y enchiquerar los toros, mucho más tarde de lo esperado y con los ganaderos y mayorales echándose al cuello de la empresa. Vergonzoso, está más que claro que la empresa solo va cuidar, y cuando le interese, los mal llamados festejos mayores. Desastrosa organización.

La concurso de Zaragoza es una de las pocas que quedan en nuestro país. A excepción de la primera confeccionada por la anterior empresa, en la que salió todo rodado, se habían dejado de cuidar y se daban porque era obligado por pliego. Sin embargo, este año era atractiva, redacciones y condiciones del contrato a parte, como los "4 encastes fundacionales" que debían estar presentes. Eso sí, salimos de la plaza muy tarde, fue una tarde lenta. 

En primer lugar saltó al ruedo de la Misericordia un toro de Doña Manuela Agustina López Flores, el hierro de la"F" de Samuel Flores. Un toro bajo, rematado, un tanque, pero cerraba la cara, un torazo. Octavio Chacón lo lidió muy bien a la verónica. A nuestro juicio, Juan Melgar debió alzarse con el premio a mejor picador. Picando arriba y en el morrillo, un pero, el segundo, aunque arriba, cayó algo más trasero. Fue hasta en cuatro ocasiones a la jurisdicción del picador, algo tardo en el ultimo encuentro, pero se arrancaba con buen son. Carrero dejó un buen par. Parecía que iba a cantar la gallina y tuvo cosas de manso, pero no llegó a rajarse. Hubo muletazos de buen trazo por ambos pitones pero sueltos. En nuestra opinión era toro de tandas cortas, exprimirlo y matarlo, pues tenía una embestida boyante, sin excesivo poder, pero el suficiente para trasmitir, con poco recorrido. Faena algo descompuesta, culminada con un estocadon en todo lo alto. Ovación al diestro y al del castoreño. Este toro se alzó con el premio. Un premio que debió quedar desierto, algo que no podía suceder por las condiciones y que supimos a la postre, o ganar el de San Martín.

En segundo lugar saltó al ruedo el jabonero de Don Tomás Prieto de la Cal. Toro anovillado y de justa presencia, pero con expresión de pocos amigos, lo que le dotaba de un punto más  de seriedad. Eso si, de la integridad de los pitones, ninguna duda, un remate en un burladero, hicieron volar las astillas. Escribano lo recibió con una larga cambiada, y en vez de lidiar, intentó ponerse a torear y el toro le pidió el carné. En el caballo, se le picó poco, salió siempre suelto. En el tercer puyazo acudió con prontitud, de muy lejos, prontitud presente en los tres primeros encuentros que se diluyó en el cuarto, donde se le colocó de largo y acudió andando, parándose en dos ocasiones. En el palco 15, un aficionado, no paró de darle indicaciones. Con los palos no anduvo fino. En el primer par, dejó una banderilla; el segundo, a toro pasado; y en el tercero, el de Don Tomás le acortó. No brindó, no lo vio. No fue un buen toro y había que tragarle, pero pasaba sin malicia. Ese genio del capote, se había diluido o al menos eso parecía. Tres pinchazos y estocada defectuosa, algo incomprensible porque con el gesto tan feo que hizo como es ensayar la suerte suprema en el callejón mientras Octavio lidiaba su primero, tendría que haber sido mucho más efectivo. 



El titular de Benitez Cubero se lastimó un pitón y fue sustituido por un colorado, ojo de perdiz, armónico, precioso, más justo de presencia también sea dicho. Pepe Moral vino a que el aficionado olvidara lo del toro de Parladé, y el aficionado perdona pero no olvida. Con mucho gustó lanceó a la verónica. Al caballo, el de Benitez, acudió con gran prontitud, al galope. En la pelea fue a menos. En el primero se empleó y de ahí, fue a menos. En el tercero o cuarto, que fue colocado de lejos, pasada sobradamente la boca riego, no recordamos con exactitud, lo dejó a una mano, se echó el capote a la espalda y se puso en su lugar. Detallazo, de los que cada vez, se ven menos. Muy bien picado por Francisco Romero, que se alzó con el premio, pero cuyo segundo puyazo estuvo caído. Muy bien el lidiador y Domingo Siro en el tercer par. Destacar el detalle de que para el tercio de varas, tan solo estaban en el ruedo el lidiador y el matador durante todo el festejo. Y llegó la muleta, toda la plaza con toro y torero, podía ser el ganador, pero se derrumbó. El colorado protagonizó una de esas imágenes utilizadas con tanto acierto por los mal llamados partidos animalistas para su marketing. El inicio de faena más acertado hubiera sido en el tercio, enseñándolo a embestir, pero a toro pasado, todos somos toreros. En cambio, se fue a los medios y comenzó por cambiados por la espalda. A diestras, perfilero y  ventajista. Al natural, aunque no terminó de acoplarse, firmo los mejores naturales de ambas tardes. La faena no terminó de cuajar, pero fue culminada con una buena estocada. Vuelta de Pepe Moral, acompañada de pitos aislados.


El cuarto ejemplar lucía el hierro de Peñajara. Muy bien lidiado de capa por Chacón, en este aspecto ni un pero, como casi siempre. Toro con más genio de casta, tardo al caballo, que se encontró con un picador nefasto, y que casi no entra ni en concurso. El diestro pidió el cambio, el alguacilillo le llamó la atención y terminaron echándole el caballo encima. Una eternidad para tres encuentros, el del castoreño no le dio los pechos ni una sola vez, no supo mover el caballo. Después de ser descabalgado en el primer encuentro, deseaba que no se arrancara. Seguramente, el de "Casta Jijona", se hubiera parado de todos modos, pero es una suposición. En nuestra opinión, Chacón estuvo encimista y optó por el arrimón facilón. Tan verdad es que se cruzó y expuso en los cites, como que se lo echó siempre hacia afuera. Estoconazo, vuelta al ruedo y división de opiniones para el de Peñajara.


El quinto fue un precioso Santa Coloma, herrado con la marca del añorado José Chafik, el de San Martín. Con el capote, le hizo pasar estragos este precioso cárdeno. El diestro nos privó de una cuarta entrada, imaginamos,  para dar emoción con los palos. Y vamos si la dio, por encima el de la familia Hornos. A toro pasado colocó los dos primeros pares y pasando las de Caín, con un toro que le acortaba. El tercero fue un par al violín. Y es aquí donde comienza el "baja tú" y el "me estás faltando al respeto" de la hermana de Escribano. Tan pobres como respetables son esos argumentos, y más que comprensibles, como son respetables los reproches de un aficionado, con avanzada edad, que siempre habló desde el respeto, dando su opinión. Ella, un torete bravucón, él un señor que después de contestarle con toda educación optó por evitar un enfrentamiento que de debate objetivo tenía poco y no llevaría a ningún lado. Y exceptuando a tres o cuatro aficionados presentes, el resto del tendido 1 callado, incomprensiblemente. Anécdotas a un lado, el toro fue pronto y fijo en el caballo, mal picado, todo sea dicho, aunque en el segundo y tercer puyazo, buscó los pechos del jaco. El toro fue bravo, con una embestida enclasada, que, con un punto más de trasmisión, era de premio indiscutible. Era un carretón, un bombón para hartarse a torear. Mejor por el derecho, pero bueno por los dos. Escribano estuvo despegado, al hilo del pitón, muy por debajo del buen San Martín. Petición minoritaria, desatendida por el buen criterio de la presidencia, que ha estado acertada ambas tardes, veremos a partir del día 12 de octubre, y ovación a un gran toro del que pocos se percataron o se quisieron percatar.


El de la jota fue un Pedraza de Yeltes, alto y muy largo. Distinto al toro al que acostumbra lidiar este hierro. El toro fue a peor y a menos en su lidia. Tres puyazos en total. El primero cayó en los riñones y fue rectificado, en el tercero fue desde la boca de riego pero ya se lo pensaba, y el cuarto lo puso Moral de largo y no acudió. No era esa la distancia del toro y el picador debió echar el caballo hacia el tendido 5/6. Decir que, sin ser sobresaliente en la realización de la suerte, movió con maestría la cabalgadura. De lo mejor que hizo Escribano en la tarde fue un quite a un peón. No hubo ni toro ni torero aunque el pitón más potable fue el izquierdo.


En definitiva, tarde entretenida, con muchos matices, pero sin ser de las que se quedan guardadas para el recuerdo. Y disculpen los pocos lectores que deciden sufrirnos, por la extensión de esta entrada, pero es lo que tienen las concursos, más si cabe ésta, que, al igual que la embestida del San Martín, fue al ralentí. 



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